Quien viaja a Lima muchas veces tiene la oportunidad de subir a lo más alto del Cerro San Cristóbal, cuyo mirador nos brinda una de las vistas más amplias e impresionantes de la capital peruana. Sin embargo, muchos desconocen que a esta cima se puede acceder por un barrio multicolor que cobró vida después de la pandemia gracias a un trabajo articulado de los mismos vecinos con la Municipalidad de Lima, la empresa Qroma, la plataforma Aporta y la asociación Color Energía, esta última liderada por los artistas y gestores culturales Carla Magán y Daniel Manrique, quienes impulsaron el ambicioso proyecto de pintar un macromural desde hace más de una década y que vieron un sueño hecho realidad en el 2021.
Leticia es el nombre de este asentamiento humano donde Carla y Daniel, leticianos de corazón, involucraron a su comunidad para ponerle color a sus casas, escaleras y espacios públicos cambiando la imagen estigmatizada de zona insegura y peligrosa que tenía antes, pero este proceso no sería nada sencillo. Todo comenzaría en el 2010 cuando ambos muralistas iniciaron un taller de dibujo y pintura en el distrito del Rímac para formar artísticamente a niños y jóvenes. Al ver que la población local no bajaba del cerro para asistir a sus clases, decidieron llevar su taller a la misma colina, aunque esta vez ya no solo se dedicarían a enseñar su arte, sino también a realizar actividades de autogestión que permitieran a los artistas obtener sus propios ingresos económicos y comprar los recursos necesarios para pintar murales en su barrio con el fin de embellecerlo y a la vez generar un sentimiento de sensibilidad y cercanía entre los vecinos.
“Así como el arte nos había cambiado la vida, queríamos que les cambiara la vida a muchas personas en el barrio. No necesariamente que sean artistas, pero sí que ayudaran a desarrollar un pensamiento crítico y de superación; y no solo individual, sino comunitario para dejar de mirar de la puerta hacia adentro, sino mirar hacia afuera. Esto era lo que necesitaba nuestro barrio para empezar a mejorar y no solo en el aspecto físico, de limpieza, de seguridad o de infraestructura, sino en el aspecto social de liderazgo, iniciativa comunitaria y compromiso ciudadano”, nos comentó Carla, señalando que en el camino se fueron sumando muchos voluntarios.

Al principio resultó ser una situación frustrante para los fundadores de Color Energía, pues ambos tocaron la puerta de las municipalidades de Lima y del Rímac en distintas ocasiones, pero su iniciativa al parecer no tuvo prioridad para estas instituciones gubernamentales a pesar de que proyectos similares de macromurales se habían desarrollado con éxito en diferentes países como Brasil, Puerto Rico y México. “No éramos escuchados hasta que llegó la gestión del alcalde Muñoz con gente nueva en una subgerencia de turismo y desarrollo económico que venía buscando ideas. El alcalde tenía mucha apertura, pero más su equipo de trabajo porque tenían una visión de la gestión edil con un compromiso real y un sentido de vocación para trabajar por la comunidad. Ellos nos escucharon. Es más, vinieron y subieron aquí”, mencionó Magán.
Cabe señalar que antes que llegara el apoyo municipal, Color Energía había ejecutado dos proyectos con la comunidad de Leticia. El primero de ellos fue el festival “Tejiendo Colores”, evento que reunió en el 2018 a 30 voluntarios y 30 artistas, entre locales y extranjeros, para pintar diferentes murales; mientras que el segundo fue el proyecto “Escaleras arcoíris”, el cual comenzó con el pintado de las primeras escaleras que llegaban hasta la famosa Cruz del Cerro San Cristóbal y que podían apreciarse a la distancia. Esta iniciativa fue replicada incluso por la Municipalidad de Lima en diferentes asentamientos humanos de la capital.
El trabajo con la Municipalidad de Lima comenzó a fines del 2020 cuando ya se estaba desarrollando la campaña de vacunación contra el Covid-19, pero aún se mantenían las restricciones como el uso de tapabocas. Al proyecto del macromural se sumaría Qroma, una empresa que lidera el mercado de pinturas en el país, y Aporta, una plataforma de innovación e impacto social perteneciente al Grupo Breca, conglomerado empresarial de origen peruano que también opera en otros países latinoamericanos.
El apoyo municipal con la empresa privada sería fundamental para contar con las brochas, escaleras y los más de mil baldes de pintura que se utilizaron, así como el equipamiento de cascos, arneses y botas que los voluntarios necesitaron para cumplir efectivamente su labor, sin dejar de mencionar una capacitación en técnicas de pintura y seguridad, ya que pintar en una zona empinada no era una tarea fácil.
Las chakanas entretejidas
Luego de casi un año de trabajo, un inmenso macromural que mostraba un extenso telar andino conformado por chakanas terminó por cubrir alrededor de 300 mil metros cuadrados de Leticia, abarcando escaleras, pasajes, áreas comunes y más de 780 viviendas. El diseño que había sido dibujado por Daniel Manrique, quien también dirigió la ejecución del proyecto, finalmente pudo ser percibido desde diferentes puntos estratégicos de la ciudad, entre ellos el Parque de la Muralla.
Como nos explica Daniel, el símbolo estrella en el macromural es la chakana, una cruz andina que ha sido utilizada por las culturas originarias de los Andes, entre ellas los jaqaru, una población indígena que vivía en la franja del río Rímac y que se desplazó a otras zonas de Lima con la llegada de los españoles. «Quisimos usar la chakana que representa una escalera entre dos mundos y poner nuevamente nuestra cultura adelante. El cerro se llama San Cristóbal por el santo, pero la chakana representa la sangre de todos los que vivían aquí. Quisimos que la chakana sea parte de las escaleras para rememorar nuestro pasado ancestral».
Para lograr esta magnífica obra de arte se contó con la participación de más de 100 pintores voluntarios, quienes recibieron un pago por jornal de acuerdo al precio del mercado como mecanismo de recuperación económica post COVID, pues el barrio había sido muy golpeado durante la pandemia. «Los turnos eran rotativos para permitir que la mayor cantidad de pintores capacitados tuvieran un ingreso económico al menos por una semana o diez días y luego descansaban un par de semanas hasta volver de nuevo», nos detalló Carla.
El trabajo artísticio y visual estuvo a cargo de Daniel, quien realizó el dibujo del macromural en base a una foto del Cerro San Cristóbal que se tomó en alta resolución desde el Parque de la Muralla. «Imprimimos las imágenes, las pegamos en cada casa y comenzamos a pintar de punta a punta. Fue un esfuerzo de todos y los jóvenes con los que trabajamos entendieron el trabajo ordenado y mecánico que teníamos que realizar. Fue un trabajo minucioso y desafiante porque además nos pusimos la meta de pintar de 10 a 15 casas diarias. Algunos vecinos no querían que pintaran sus casas, pero nos pasábamos la voz cuando salían y las terminábamos pintando porque teníamos que cumplir con nuestra meta. Al final, todos entendieron el mensaje y fue un regalo para nuestra ciudad», destacó el artista.
Un barrio lleno de color y energía
Si recorremos Leticia, podemos apreciar una gran variedad de murales que nos cuentan las historias y costumbres de sus habitantes. Encontramos, por ejemplo, ilustraciones de personajes emblemáticos como Marcelino, un señor que actualmente tiene 101 años y antiguamente transportaba agua en baldes sujetados a un palo que colocaba sobre sus hombros en tiempos en que el barrio carecía de este recurso básico. Así lo vemos representado en la pared de una vivienda junto con otros vecinos trabajadores y muy queridos.
En la misma imagen, entre las personas que rodean a Marcelino, podemos identificar a Moisés Palomino, quien se distingue por una gorra celeste y por llevar un balón de gas sobre uno de sus hombros y es que Leticia es muy famosa por la labor de los estibadores, personas que brindan sus servicios para cargar a sus espaldas diversos materiales de construcción como ladrillos, cemento, arena, piedras chancadas y maderas, así como diversas mercaderías que pueden ir desde una bolsa con productos del mercado hasta un refrigerador. “Todos los días se sacan la mugre. A partir de las 4 de la madruga hasta las 5 de la tarde, suben y bajan. Acá para construir una casa, los materiales cuestan y para subir también cuesta”, nos cuenta nuestro guía Michel Palomino Carrillo, quien además es hijo de Moisés.
Lo descrito por Michel lo podemos corroborar mientras seguimos subiendo por las gradas porque diferentes estibadores van pasando por nuestros costados, entre ellos el “chino” Antonio y Jorge Chacón, un venezolano de 36 años que vive en el distrito de los Olivos y encontró una fuente de ingresos trabajando en este sector. “En este barrio me adapté mejor. La gente es chévere y sale trabajo casi todo el tiempo”, nos comenta algo agitado por el esfuerzo que viene realizando y nos destaca que la carga más pesada que ha subido han sido 48 ladrillos en un solo trayecto.
Continuando nuestro sendero hacia arriba también observamos coloridos murales que nos invitan a velar por el orden y la limpieza como uno en el que se lee “Este barrio lo construimos juntos. Por eso lo cuidamos y respetamos”, o aquel en el que dos grandes ojos se abren frente a nosotros lanzándonos una mirada con el mensaje “Cuida tu barrio. El cielo claro, la brisa fresca. Limpia mi casa, limpio mi corazón”. Para Michel, estos mensajes han sido cruciales para el cambio de actitud de los vecinos, quienes se preocupan actualmente por barrer sus calles y parques, así como recoger las excretas de los perros callejeros que son cuidados por los mismos residentes.
Una de las imágenes más bellas la encontramos en la Plaza Sánchez Cerro, conocida como la Plaza de Armas de Leticia por ser la más espaciosa y porque aquí se organizan diversas actividades como eventos culturales, deportivos y gastronómicos. En el gran muro del centro educativo N. 2024, vemos a una niña que sostiene una planta y frente ella se asoma un colibrí.
Nuestro recorrido culmina en el mirador natural del Cerro San Cristóbal, donde apreciamos la inmensa Cruz y vistas panorámicas de la ciudad de Lima.
Leticia y su potencial turístico
Además de darle color al barrio, los miembros de Color Energía vieron la oportunidad de establecer una ruta turística al realizar intensas caminatas con diferentes visitantes extranjeros. “Rompimos los esquemas porque nadie ofrecía tours. Nosotros hacíamos caminatas en la mañana, tarde y noche; los domingos con atardeceres y hasta hicimos un campamento en la cima del cerro”, declaró Carla Magán.
Aunque la municipalidad aún no ha desarrollado una ruta turística propia en este sector, los mismos integrantes de Color Energía brindan un servicio de guiado por sus calles y murales, lo cual no solo llama la atención de los turistas, sino también de estudiantes y fotógrafos. “Es un barrio donde podemos practicar creativamente las composiciones con color, los diferentes contrastes y las texturas desde la falda del cerro hasta la cima. Aparte de ello, podemos tomar fotos de escenas street que son muy populares entre nosotros los fotógrafos, tanto profesionales como aficionados. Podemos captar imágenes muy pintorescas y curiosas con diferentes personajes y de los diferentes murales hechos por artistas callejeros, así como de la arquitectura que podemos decir es algo caprichosa por sus detalles y por la manera en que los habitantes han ido forjando sus viviendas», resaltó Sillmer Cáceres, fotógrafo profesional y fundador de Afición por la Fotografía Perú, un grupo que organiza excursiones fotográficas alrededor de la ciudad.
Durante el recorrido, los guías que forman parte de Color Energía no solo nos muestran los murales o nos acompañan hasta la cumbre del cerro, sino que también nos explican la historia del barrio y cómo se implementó el proyecto Arco iris, así como las fortalezas y miedos o dificultades que han tenido que vencer, como es el caso de Noel Meza Caqui, quien sostiene que el macromural ha ayudado a levantar el espíritu de los residentes y ha permitido mostrar que en el barrio hay gente trabajadora que se esfuerza día a día por superarse y desarrollarse. Además de ello, considera que ha surgido un mayor interés de los mismos vecinos por organizarse y no conformarse con lo que han logrado hasta el momento, sino hacer mucho más por ellos mismos. “Me parece genial que a través del color y el arte podamos generar ese impacto para la gente y sobre todo para los niños. Cuando un niño va al colegio, ya no ve esa pared gris o polveada y eso le levanta el ánimo”.
Noel nos cuenta su historia. Nació en un hogar con violencia, se sumergió en las drogas y cumplió una condena en la cárcel por robo agravado, pero luego trabajó en sí mismo para ser un ejemplo para su hija y se convirtió en un líder de la comunidad logrando ser dirigente en su sector, cargo que ejerció con mucha responsabilidad motivando a otros a trabajar por el bien de su barrio. “Creo que mi historia puede ser un ejemplo de superación o de resocialización y mostrar que sí se puede. Estaba sumergido en la ignorancia, en la mediocridad y en las drogas. Hoy puedo decir que eso quedó en el pasado y ahora lo puedo contar”, nos comparte nuestro guía, quien además se dedica a la costura y es conocido en el barrio como Bruss por el popular personaje de la serie animada «Súpercampeones».
Al llegar al sector más alto de Leticia, muy cerca a la cima del Cerro San Cristóbal, hacemos una parada y Noel me muestra su pequeña casita de color azul. Junto a la puerta me presenta el retrato de su abuela, Lucila Padilla Urbe, en un mural que le rinde homenaje. Entra a su vivienda y saca una botella de plástico con un líquido de color marrón. Se trata de una «chicha canera», bebida que aprendió a preparar en la cárcel y la ha hecho famosa en el barrio. La pruebo y me resulta muy familiar a la chicha de jora, pero la siento con un dulzor muy agradable. Brindo con él por esta oportunidad de conocer tantas historias de superación y de probar esta deliciosa bebida fermentada mientras nos deleitamos con una amplia vista de la ciudad en donde de seguro se entretejen muchas más historias. Termino agradeciéndole por la caminata y me acompaña de nuevo rumbo abajo hasta el paradero del supermercado Plaza Vea de Acho, en Jr. Marañón, donde fue nuestro punto de encuentro.
Al despedirme de Noel, recuerdo algo que mencionó Carla cuando resaltó las ventajas de contar con un guía local para realizar una ruta turística en Leticia: «Al escuchar su experiencia de vida le estás dando la oportunidad de poder empoderarse y ser protagonista de esta historia porque no solamente la vivió, sino que ahora te la comparte para que puedas descubrir el valor patrimonial de un barrio que tiene mucho que contar a través de esta persona».
Un peligro latente
Si bien el macromural le dio un nuevo rostro a Leticia y al Cerro San Cristóbal, como nos cuentan los integrantes de Color Energía, la nueva gestión municipal no ha mostrado interés en darle mantenimiento a este sector. “Lamentablemente las pinturas de las casas se están deteriorando por la humedad y el smog de la ciudad, entonces se pierden los colores. Por más color que pongamos, luchamos contra eso”, manifestó Daniel Manrique.
A pesar de ello, Daniel y su equipo saben muy bien que no deben bajar la guardia y deben seguir trabajando en conjunto con la comunidad. «Estamos postulando a unos concursos sobre sostenibilidad y también estamos apoyando a las nuevas directivas del barrio para que entiendan que lo que se ha hecho se tiene que seguir adelante. Tenemos que pensar a futuro como hacer la página del barrio, empezar a trabajar con los jóvenes para darles talleres de turismo y de liderazgo. Desde las bases estamos empezando a apoyar para que ellos puedan saber cómo trabajar en el turismo», concluyó Manrique, indicando que continúan dictando talleres de pintura para niños y que tienen entre sus planes retocar los murales.
Color Energía comenzó en el 2019 como un colectivo artístico y luego pasó a convertirse en una asociación que hasta el día de hoy promueve el muralismo y el desarrollo comunitario utilizando el arte para generar impacto en los espacios públicos en base a una real necesidad y de manera consensuada con la población local. Forma parte además de la Red Alas, una red latinoamericana conformada por 70 organizaciones de 13 países que trabajan contra la violencia criminal, la corrupción y la impunidad desde sus propias actividades y habilidades. Si bien a los integrantes de Color Energía se les conoce por el proyecto desarrollado en Leticia, también han llevado a cabo iniciativas en otras provincias del país, tanto en zonas urbanas como rurales, y su labor ha ido incluso más allá de las propias fronteras del Perú como el mural «Apropiando espacios» que pintaron como parte de la ruta turística del barrio Mujica en pleno centro de Buenos Aires, en Argentina.
Con el proyecto Arco Iris, Color Energía ha demostrado que con el arte se pueden lograr importantes cambios en nuestra sociedad y, como lo señala la misma Carla Magán, el arte nos deja ser para poder mirarlo y disfrutarlo porque no está hecho para un círculo ni para ser guardado. «El arte que nosotros buscamos transmitir es para que todo el mundo lo vea y que nos cuestionen, nos pregunten, nos feliciten, nos critiquen. El arte es para eso, para generar diálogo y sensibilidad. Haces que la persona tenga más consciencia social y espíritu crítico. El arte es un arma muy poderosa».
Para contactarse con Color Energía y poder disfrutar de un recorrido turístico por el barrio de Leticia y subir por sus escaleras multicolor hasta el mirador del Cerro San Cristóbal, uno puede contactarse a través de sus redes sociales de facebook e instagram, como también a los teléfonos +51 972420550 o +51 992039565.
Los vecinos opinan

“Antes el barrio era un poco peligroso, pero ya no hay lo que había antes. Han puesto cámaras de seguridad y cualquier cosa que pasa, los vecinos saltan. Cuando las personas subían al cerro, les podían robar algo como su cámara o su celular. Ahora las personas pueden subir y la gente las está mirando y cuidando. Aquí los vecinos nos apoyamos. Somos unidos como una familia y nos cuidamos”, nos comenta Arturo Maraví Sánchez, soldador de una empresa minera y cuyo padre, Augusto Maraví Correa fue dirigente de uno de los 12 comités que conforman el barrio de Leticia.
“Se ve bonito con los pintados que han hecho y ya suben con tranquilidad los turistas. No es como antes que había desorden. Ahora todo está bonito”, nos cuenta Bencilia Mogollón Pablo, quien llegó a Leticia cuando tenía 5 años junto con su familia procedente de Huánuco, ciudad de la sierra peruana. Actualmente tiene su pequeña bodega que mantiene desde hace 8 años al lado de su casa.











































Hermoso reportaje, a visitar y a contribuir a la sostenibilidad local!
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